Un catálogo de maquinaria no se hojea. Se consulta: un recambio, una equivalencia, una tabla de carga, con el cliente o la máquina delante. Si esa consulta tarda, se llama, se improvisa o se vende otra marca.
Diseñamos catálogos y fichas técnicas para fabricantes y distribuidores de maquinaria y componentes: desde cero o rehaciendo el que ya no se aguanta.
Por qué un catálogo de maquinaria no se parece a ningún otro
Quien abre un catálogo de maquinaria o de componentes no está eligiendo un estilo. Está buscando una referencia concreta, sus medidas, su equivalencia y si encaja con lo que ya tiene instalado. Lo hace un distribuidor en mostrador, un técnico en taller o un comercial en planta. Ninguno de los tres se va a leer doscientas páginas.
El dato manda. Una errata en una cota, en un par de apriete o en una capacidad de carga no es una errata estética: es una pieza que no sirve, un pedido que vuelve o una máquina parada. La maquetación consiste, en buena parte, en construir un sistema donde las tablas no se rompan al actualizarse y donde dos productos de la misma familia se comparen sin reaprender dónde está cada campo.
Hay dos documentos, no uno. El catálogo general convence y sitúa la gama. La ficha suelta es lo que se reenvía. Si se diseñan por separado, cada actualización sale el doble. Si se diseñan sobre la misma retícula, la ficha es una página del catálogo que también vive sola: PDF para la web, hoja para el stand, impreso para el expositor.
El soporte no es un detalle. En mostrador y en taller el documento se hojea de pie, con una mano, muchas veces al día. El wiro, el formato cuaderno o el papel que aguanta grasa no son caprichos de diseño: son la diferencia entre un catálogo que se usa y uno que se queda en el coche.
Los idiomas no se aglutinan. Un fabricante que exporta necesita versiones, no un mismo PDF con tres columnas de idioma. Mezclar idiomas para ahorrar confunde al que busca y al que traduce. Un catálogo, un idioma; la retícula se dimensiona para el texto más largo.
Eso no lo resuelve una plantilla genérica ni un «catálogo online» de los que se rellenan por lotes. Se resuelve ordenando primero los datos (casi siempre varios Excel, fotos sueltas y nombres que no coinciden) y diseñando después.
Cómo montamos un catálogo de maquinaria
Empezamos por el material, no por la portada. Nos sentamos con el equipo técnico, unificamos nomenclatura y familias, y devolvemos las inconsistencias antes de bocetar. Sin ese criterio, cualquier diseño es un parche sobre información que no se sostiene.
Con la estructura cerrada, el boceto cubre las páginas que de verdad se consultan: familia, tabla, ficha suelta, recambio. El resto del documento hereda esa retícula. Así se puede sacar el catálogo completo y las fichas individuales sin hacer dos proyectos.
De la misma maqueta salen la versión digital (PDF para web, WhatsApp o nube) y los artes finales de imprenta, si hacen falta. No todos los catálogos industriales se imprimen. Los que van a taller o a punto de venta, sí, y entonces se decide encuadernación y papel antes de diseñar, no después.
El detalle de cada proyecto está en las fichas de abajo. Lo que se repite en todas es el método. Lo que no se puede copiar es la decisión concreta de cada cliente.
Trabajos de maquinaria y componentes
Catálogos y fichas reales. Cada ficha cuenta el encargo, lo que se decidió y por qué. Si reconoces el problema, el siguiente paso es el mismo.






