¿Y si comenzamos preguntando si el tamaño importa? Seguro que ya estáis pensando lo que no es… Pero si nos referimos al tamaño de tus productos o al tamaño de un catálogo, la cosa cambia y tiene bastante importancia, porque en este caso el tamaño sí que importa.

El tamaño de tu catálogo como elemento físico (el tamaño real que tiene) y la dimensión o extensión del mismo (número de páginas, información, imágenes, etc.), son dos aspectos clave que supeditan el tamaño de tu catálogo, así que presta atención a lo que te contamos.

Si hablamos del tamaño físico nos podemos encontrar de todo, pero quizás lo más habitual sea el formato estándar DIN A4 (cerrado) en disposición vertical (si lo abrimos sería un DIN A3) u horizontal. También porque a la hora de optimizar los costos, imprimir en un formato estándar suele ser algo más económico que imprimir en un formato «menos convencional». Si andas un poco perdido/a con esto de los formatos, te explicamos brevemente de qué se trata.

Las siglas DIN son un acrónimo de Deutches Institut für Normung (Instituto Alemán de Normalización), un organismo fundado en 1917 que nació con una finalidad: establecer los estándares o normas técnicas de Alemania. (Recuerda que la invención de la imprenta se atribuye al alemán, Johannes Gutenberg). Lo que el DIN pretendía era asegurar la calidad del papel y establecer unas medidas que permitieran el entendimiento entre todos a la hora de hablar del tamaño del papel.

La normativa DIN respecto al papel se debe al ingeniero alemán Walter Porstmann, que estableció en 1922 las medidas DIN A. Porstmann pretendía entre otras cosas que el papel se aprovechara al máximo en las imprentas. Todas las medidas DIN A parten de un formato de referencia, el A0. Todo el resto de formatos y series se calculan a partir de este formato de referencia que tiene una superficie de 1 metro cuadrado. A partir del DIN A0 se van realizando cortes a la mitad y van surgiendo, las diferentes numeraciones. Aquí te mostramos una imagen con las medidas DIN.

Así que si hablamos de tamaños físicos, no os recomendamos hacer un catálogo en un formato más pequeños como A5 o similar, primero porque no es a lo que estamos acostumbrados y porque estos tamaños están más indicados para una guía o pequeño folleto informativo más de bolsillo o manejable. Tampoco recomendamos un catálogo más grande de un A4 porque sería incómodo y poco manejable, (sobre todo cuando lo abrimos) y porque formatos más grandes ya están orientados a periódicos, cartelería, etc.

Todas las medidas DIN A parten de un formato de referencia, el A0. Todo el resto de formatos y series se calculan a partir de este formato de referencia que tiene una superficie de 1 metro cuadrado

Si ahora hablamos de la extensión de tu catálogo, éste va a ir supeditado principalmente a tres aspectos: el número de productos, el tamaño de los mismos y la información en su conjunto. ¿Con todo esto a dónde queremos llegar? A que vuestro catálogo tiene que tener la extensión adecuada en base a estos tres aspectos y si tenéis 400 referencias no se puede pretender tener un catálogo como si tuviera sólo 100.

En algunas ocasiones las empresas que solicitan información y presupuesto nos indican (por poner un número), que quieren sólo 20 páginas porque han hecho sus cálculos y todos sus productos caben en esas páginas, así también se pueden «ahorrar» un pequeño coste y que su catálogo sea menos extenso, porque un catálogo largo… ¿Qué pasa después? Que cuando vemos el tipo de producto y la información que va en cada uno de ellos, casi automáticamente le decimos que serán 32. Lo explicamos con un ejemplo:

La empresa X indica que quiere un catálogo de 20 páginas para sus productos (en este caso puertas) y tiene muchas referencias o modelos diferentes. Para poder incluir todos los modelos en ese número de páginas habría que sobrecargar en exceso cada página, dando como resultado un catálogo poco práctico, visualmente nada atractivo o incluso que dé a confusión porque no distingues bien los productos que se ven en el. Las empresas tienen diferentes motivos para querer pocas páginas, uno de ellos es la creencia del ahorro de costes (cuando no es del todo cierto), porque en multitud de ocasiones la diferencia económica es insignificante y en cambio, el resultado es muy diferente.

No es lo mismo visualizar un producto de una manera cómoda, atractiva y útil para la venta, que tener que utilizar casi una lupa para poder descifrarlo, al fin de cuentas «compramos por los ojos«. Además tenemos que tener en cuenta que un catálogo hecho de manera profesional siempre va contar con una serie de páginas necesarias y que muchas veces las empresas «no se dan cuenta que tienen que ir», como son las cubiertas (portada, contra e interiores), el índice, la presentación de la empresa (porque el mundo tendrá que saber quién eres), las páginas de producto y dependiendo del tipo de catálogo, extensión y producto, las páginas dedicadas exclusivamente al inicio de cada sección o categoría (recomendable para los que son muy extensos, porque identifica cada categoría y son más amenos). Estás son algunas cuestiones que tenemos que tener en cuenta.

Otro motivo diferente al anterior, es que no quieren aburrir al cliente con catálogos muy extensos, pero no se dan cuenta que si tienen 400 referencias hay que incluirlas todas y los milagros no existen. Lo más recomendable en este caso es, o dividir el catálogo por familias o clases de productos y tener documentos o catálogos por separado (virtual o impreso), de tal forma que tu cliente sólo recibe la información de la familia de productos y no todo el maremágnum. La otra opción es, si queremos hacer un único catálogo por la cuestión que sea, es hacer un índice dinámico o enlaces a productos recomendados, para que el cliente con un sólo clic vaya en concreto a la sección que desea de forma rápida y cómoda. Lo podemos hacer en un catálogo PDF más básico (aquí te mostramos las diferentes opciones) o bien mucho avanzado y dinámico a través de un flipbook con diversas funcionalidades más, aquí tenéis un ejemplo:

También la extensión de tu catálogo (a parte del número de productos) va supeditada evidentemente a la información y detalles de cada producto. Lo que siempre recomendamos es que la información sea lo más resumida posible dentro de las posibilidades y que contenga todos los datos que sean relevantes para tu cliente y centrados siempre en el producto. Por ejemplo:

  • Para los sectores más técnicos, industria, maquinaria, productos para la construcción, componentes mecánicos, químicos, etc., lo habitual es: descripción del producto o máquina, características técnicas, tablas con tamaños y medidas, materiales y composición, colores, unidades de venta, etc…
  • Para el sector de la alimentación y agroalimentario lo habitual es: descripción, peso, sabores, tamaños, denominación de origen si la tiene, elaboración, packs de venta, procedencia, ecológico, etc.
  • Productos orientados el consumidor final que se comercialicen en grandes almacenes tipo Leroy Merlin, Alcampo, Tien21, Conforama, etc.: nos encontramos más con páginas de ofertas y promociones, detalle de precios y categorías de forma muy relevante, prestaciones, unidades, 2×1, productos recomendados y poco más.
  • Para el sector de la moda: suelen ser mas comunes los foto catálogos, dónde la imagen de una persona o modelo cobra total protagonismo, prácticamente ocupa toda la página y dónde casi no hay información.

¿Entonces que es mejor? Lo mejor es que nos preguntéis, estudiaremos cada caso y os recomendaremos la mejor opción en cada momento e intentando recibir siempre el feedback del equipo de ventas, porque a fin de cuentas el catálogo es una herramienta de trabajo que tiene que funcionar y ser atractiva, no todo vale.